
El bandoneón es el alma del tango rioplatense y la base de innumerables y exquisitas melodías que surgieron al calor de un Buenos Aires melancólico. Nació en Alemania, por el año 1911, de la mano de Alfred Arnold, pero se convirtió en fueye en la Argentina e imprimió su sello en las tradiciones nacionales. Hoy, de los 60 mil instrumentos que ingresaron al país poco antes de mediados del siglo pasado, muchos cumplieron su vida útil y otra importante cantidad fue comprada por europeos y asiáticos enamorados de la cultura argentina.
Las consecuencias de la escasez de bandoneones van desde la dificultad de encontrar un fueye de calidad para tocar a los altos precios que impiden a quienes quieren aprender adquieran un instrumento. Muchos especulan con el fin del tango como se lo conoce hoy y otros tantos hablan de la adaptación de la melodía a nuevos sonidos. En el medio, surgieron algunas propuestas con el objetivo de que el fueye no termine convirtiéndose en una reliquia, propia exclusivamente de las vitrinas de un museo. Desde La Casa del Bandoneon, el luthier Oscar Fischer cooperó para la creación del Registro Nacional de Bandoneones, que funciona desde 2006. Ahora, las energías están puestas en lograr que en el Congreso de la Nación se sancione una ley que atribuya al instrumento la categoría de Patrimonio Cultural de la Nación. El proyecto, que se encuentra en Diputados, tiene como objetivo desalentar la exportación y, en consecuencia, estimular su conservación.
“Estamos pasando por un problema, desde hace ya dos décadas, de una fuga de instrumentos por el cambio dólar peso y el interés del tango en el mundo. Eso hace que algunos estén tratando de promover alguna ley, eso estamos haciendo en la casa del bandoneón, y a mi también me pareció oportuna la idea de construir uno y romper con algunos mitos”, explica Fischer.
Una de las consecuencias de la falta de bandoneones es la dificultad de las nuevas generaciones de adquirir un instrumento para poder aprender. Según explica Fischer, “es imposible para una persona de un bolsillo normal acceder a un instrumento de estudio que por ahí te cobran 1.500 dólares, cuando una guitarra sale 400 pesos”. Los instrumentos de estudio no tienen el mismo sonido que los profesionales, y al momento de ingresar, por ejemplo, a una orquesta, es necesario adquirir un nuevo fuelle, que puede rondar de los 3.000 a los 4.500 pesos.
Problemas cruzados. Para Julio Pane, Primer Bandoneón de la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, la crisis de la escasez de bandoneones en el país se entrelaza con la ausencia de la difusión del tango como el género argentino por excelencia. “Estamos ante una crisis que tiene que ver con el instrumento, pero también tiene que ver con el género. Por un lado nos preocupamos por la falta de bandoneones -lo cual no está mal- pero el tango en este momento, a pesar de estar “de moda”, debería estar presente todos los días en los canales de televisión, donde tiene menos presencia”.
Además del tango, Pane aclara que con el bandoneón se tocan todos los géneros del país. Entre otro, menciona la zamba, los carnavalitos y la chacarera. Para superar este momento, el bandoneonista asegura que “hace falta que las autoridades se decidan y que consulten a quienes tienen que consultar” y que, con una propuesta firme, un grupo de profesionales fabrique y reconstruya nuevos instrumentos. Con respecto a la fuga al exterior, Pane es determinante: “no podemos decir quien tiene derecho y quien no de comprar un bandoneón. No les podemos prohibir que toquen el bandoneón en Japón”.
¿Por qué se torna tan difícil conseguir un buen bandoneón? Para Raúl Garello, Director de la Orquesta del Tango de la Ciudad de Buenos Aires, pese a que ha habido intentos para realizar nuevos prototipos, no alcanzan “el sonido tan particular que a los bandoneonistas nos tiene cautivados y con razón, porque tiene una belleza que ha llamado la atención a famosos directores de música clásica”. Con respecto al futuro, Garello no es tan apocalíptico como aquellos que creen que el tango va a desaparecer. “El tango, ese genero tan enorme, se la ingeniará para que la sonoridad del bandoneón esté presente mediante algún artilugio”.