Los últimos días de Kirchner, en familia y discutiendo política

Los últimos días de vida de Néstor Kirchner tuvieron ese talante que el ex presidente había sabido impregnar en su gestión. La política era el tema monolítico que abarcaba sus horas, pero también el tiempo en familia, las fotos con admiradores, la rosca, los diarios del domingo y los infaltables insultos a sus editorialistas y los interminables llamados telefónicos fueron los que prologaron sus horas finales, cuando a las 8 de la mañana su corazón se paró.

Viernes 22, el último acto.
Fue el Chivilcoy, ciudad natal del hombre al que K había elegido como su enemigo número uno, Héctor Magnetto. Después de acompañar a Cristina, a las 14.27, habló con los medios sobre el crimen de Mariano Ferreyra, el joven militante del Partido Obrero fusilado en las vías del Roca por una patota sindical. “Es terrible. No tengan ninguna duda que la Presidenta ha impulsado la investigación de los autores intelectuales y materiales del hecho. En el día de hoy van a ver importantes novedades. Más no puedo hacer”, sostuvo.

Sábado 23, la foto final.
Tras su promesa de volver a fijar domicilio en Río Gallegos, Kirchner volvió a caminar con su esposa por las calles de su ciudad. El matrimonio paró un momento para tomar un café en el hotel Santa Cruz pero el asedio de personas los obligó a partir. Antes posaron con una joven familia en la que se convirtió en la última foto pública con vida del ex presidente. Allí se ve a CFK con lentes negros a cara lavada y a Lupo, como lo conocían en su provincia, sonriente.


Domingo 24, los diarios y las encuestas.
El domingo a Néstor Kirchner se lo vio caminando por la costanera de El Calafate y luego por el centro de la villa turística. Gran parte de la mañana la paso leyendo los diarios, una obsesión que conservó hasta el último día. Lanzó críticas a los diarios que publicaron la foto de sus ministros con Cristian Favale, el barra acusado del asesinato de Mariano Ferreyra, y se le escapó algún que otro insulto a las plumas agoreras que desdeñaban el co-gobierno que ejercía con Cristina. Sin embargo, las encuestas que mostraban un crecimiento en la imagen positiva K -también reflejadas en los diarios- lo habían puesto de buen humor y conversó con algunos consultores sobre la remontada.

Lunes 25, de campaña.
Mientras CFK comenzaba a leer La gran epopeya, el combate de la Vuelta de Obligado, del hsitoria Pacho O’Donnell, y descansaba por al gripe que la había obligado a cancelar su viaje a Río Grande, Tierra del Fuego, Kirchner se la pasó haciendo llamados telefónicos. Habló con el Chino Navarro, diputado provincial del Frente para la Victoria, y con los ministros. La reunión del PJ del día siguiente era la papa caliente que quemaba las manos del ex presidente. ¿Qué hacer con Moyano?, la pregunta a responder.

Martes 26, la última cena.
En su último día con vida, Néstor Kirchner discutió fuerte con Hugo Moyano. Fue por la tarde-noche, cuando el líder de la CGT lo llamó a su celular para reprocharle los faltazos del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el presidente provisional del Senado, José Pampuro a la reunión del PJ bonaerense. Hubo gritos y pases de factura y Kirchner quedó alterado. Después cenó en la residencia de Los Sauces con Cristina, su amigo, el empresario Lázaro Báez su señora. Se acostó a las 2 de la mañana.

Miércoles 27, muerte súbita.
Kirchner se levantó minutos antes de las 7 y aguardó impaciente la llegada de los diarios. En un momento, se sintió mareado y decidió volver a la cama con Cristina. A las 7.30 sufrió el primer paro cardiorespiratorio y comenzó a agonizar. Estalló la tensión en la casa de El Calafate y Kirchner fue trasladado de urgencia al hospital donde llegó casi muerto. A las 9.15 el ex presidente falleció como consecuencia de una “muerte súbita”. A su lado, Cristina lloraba desconsoladamente, destruida. La vida de su esposo y compañero de militancia política se había apagado para siempre.

Cobos, el protagonista “indeseable” del funeral de Kirchner



Sin quererlo, el vicepresidente Julio Cobos volvió a ser uno de los protagonistas del velorio de un ex presidente. Le pasó con Raúl Alfonsín, el 2 de abril de 2009, cuando la vida del icono del retorno a la democracia se apagó mientras la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner estaba en el exterior. Y le volvió a ocurrir el 27 de octubre pasado, en el último adiós a Néstor Kirchner, el hombre que lo ungió como vicepresidente de su esposa. Aunque, en el segundo caso, el mendocino ni siquiera asistió a la ceremonia.

Alfonsín. El ex presidente Raúl Alfonsín murió el 31 de marzo de 2009 a las 20.30 después de una larga agonía. Ese día, la Presidenta estaba de viaje por el exterior y Julio Cobos, ya alejado definitivamente del Gobierno, presidía el país provisionalmente. En ese contexto, el mendocino organizó y encabezó la ceremonia fúnebre del radical. Selló en ese acto su regreso a la UCR, que dos años años antes lo había expulsado de por vida. “Hemos perdido hoy a un gran hombre de bien”, expresó Cobos, quien agregó que “se ha marchado en paz el gran defensor de los valores democráticos, de las instituciones y del pueblo argentino”.

Su imagen con la primera plana del radicalismo caminando por avenida Callao detrás de la cureña con el ataúd de Raúl Alfonsín rumbo al cementerio de la Recoleta transmitió la sensación de un partido unido y se empezó a hablar del “efecto Alfonsín”. Cobos aparecía como uno de los principales precandidatos presidenciales con miras a 2011.

Kirchner. La “muerte súbita” de Néstor Kirchner encontró a Cobos en Mendoza, a al espera del censista. Apenas conoció la noticia, el vicepresidente puso a disposición de Cristina el Congreso para velar al diputado y dijo: "Murió un gran Presidente. Era un hombre de muchas convicciones, un gran trabajador y de alguna manera esto lo afectó", reflexionó.

Enseguida, la posible presencia del radical en el funeral comenzó a generar urticaria en el kirchnerismo. El Gobierno se negó a velar a su líder en el Congreso y optó por la Casa Rosada, algo atípico según el protocolo oficial. Luego el jefe de Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, se comunicó con un hombre de confianza del presidente del Senado y le recomendó que no fuera a la capilla ardiente. Cobos cumplió con la recomendación.

Su vocero, Julio Paz, confirmó al día siguiente la ausencia de Cobos. "El vicepresidente se comunicó con el jefe de Gabinete Aníbal Fernández, por su medio, le transmitió las condolencias a la jefa de Estado”, dijo y añadió que “entiende que es la mejor manera de dar sus respetos al ex presidente, a la Presidenta y a su familia, por lo tanto no va a concurrir al velatorio que se lleva allí en Casa Rosada".

De haberlo hecho, el mendocino hubiera sido el blanco de las cientos de miles de personas que desfilaron frente al féretro de Kirchner. La noche anterior a la ceremonia, hubo insultos para él en Plaza de Mayo. “Andate Cobos, la puta que te parió”, gritaban los militantes k y también autoconvocados. Luego esos cánticos se mudaron a la Casa Rosada y al cortejo que llevó los restos de Kirchner a Río Gallegos. Cobos volvió a ser protagonista: recibió el repudio mayoritario de quienes fueron a decirle hasta siempre al patagónico.

Al pedido popular de renuncia se sumaron funcionarios como Aníbal Fernández y Gabriel Mariotto, pero también referentes de Derechos Humanos como Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini. Con tal de no dejar al “vicepresidente opositor” a cargo del Ejecutivo, CFK retomó rápido su trabajo a pesar del “dolor más grande de su vida”, la muerte de su esposo Néstor Kirchner. La licencia por duelo no fue nunca una opción que se barajó en el Gobierno.

Por Pablo Blanco

Máximo, el gran acompañante de CFK


Aunque jamás le gustaron las cámaras, Máximo Kirchner no tuvo posibilidad de huir de ellas en el último adiós a su padre, Néstor Kirchner, quizás la transmisión en vivo más larga y vista de los últimos anos en la televisión argentina. Allí estuvo el primogénito K, parado estoico junto a su madre durante horas, en el salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada, donde funcionó la capilla ardiente donde se velaron los restos del ex presidente.

Se mostró fuerte e inquebrantable en casi todo el velatorio, pero se quebró cuando, cerca de la medianoche, un gran contingente de la juventud kirchnerista, agrupados en La Campora ingresó a los gritos a despedir a Néstor Kirchner. Allí, Máximo, su líder, se acercó los abrazó, cantó, puso los dedos en V y hasta se le escapó una lágrima. Muchos vieron en ese gesto y en la cercanía que tuvieron los ministros y presidentes latinoamericanos con él, un mandato tácito: el de cubrir el lugar vacío que deja su padre.

Es por eso que, según informó el diario PERFIL, Máximo decidió mudarse a Buenos Aires para acompanar a su madre y algunos vaticinan que, además, ocupará un lugar clave. "Es factible que sea parte de la mesa chica, junto con su madre y el Chino (por Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico)", dijo al diario un dirigente K, que ven esta nueva etapa en la vida del joven como un paso necesario para suceder a su padre. Es que Kirchner antes de dedicarse a la política, administró los bienes familiares, que hasta ahora estaban en manos de Máximo.

Desde que murió Néstor, el hijo mayor estrenó un rol protagónico y abandonó el bajo perfil. Estuvo en la organización del funeral, convenció a Cristina de que los restos de su papá tenían que ser velados en Buenos Aires, y la acompanó todo el tiempo. Varios funcionarios quedaron impresionados con su capacidad de resolución: tomó decisiones, sin consultar a nadie. Por ejemplo, fue el encargado de fijar quién se podía acercar a saludar a la Presidenta.

Quienes conocen de cerca el entorno K coinciden en destacar que Máximo es un chico inteligente, muy bien informado -obsesionado con los medios como su padre- y que era uno de los únicos capaces de contradecir al ex presidente. Desde hace siete anos viene formando parte de la mesa chica del kirchnerismo, una suerte de alumno en calidad de oyente que ahora debe dejar de escuchar para empezar a tomar decisiones.

Máximo, el gran acompanante de CFK en el velatorio de su padre, deberá ahora traducir esa cercanía familiar a la práctica política y no son pocos los que le auguran un futuro más que interesante en el oficialismo.

Por Pablo Blanco

El perfil bajo de Amado Boudou

Mientras todos los ministros del Gabinete CFK acompañaban a la presidenta Cristina Fernández en el último adiós al ex presidente Néstor Kirchner, uno estaba ausente: Amado Boudou, el titular de Economía, no aparecía por ningún lado. Los rostros de los ministros eran poco disimulados: se miraban entre ellos y gesticulaban. ¿Dónde está Boudou?, era la pregunta común.

Se especulaba que la ausencia del ministro respondía al enojo que sintió Kirchner días antes de su muerte, cuando aparecieron sus fotos abrazando a Cristian Favale, el barrabrava de Defensa y Justicia acusado de matar a Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero. Esas imágenes desbarataron la operación oficial para vincular a Eduardo Duhalde con la patota sindical ferroviaria.

No obstante, Boudou se encargó de despejar dudas sobre su llamativa ausencia a través de un cable de la agencia oficial Télam. En la información, que cita a “fuentes del ministerio”, se aclara que el funcionario llegó a su puesto a “a primera hora” para “analizar la actividad financiera y de la economía, que continúa a pesar del duelo decretado por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner”.

En efecto, Boudou apareció tras el cierre de los mercados en la capilla ardiente montada en el salón de los patriotas latinoamericanos de la Casa Rosada. Y más tarde, durante la medianoche estuvo cerca del cajón cerrado del ex presidente junto a su novia, la periodista Agustina Kämpfer. Si bien por momentos, algunos medios especularon con su renuncia, eso quedó descartado ya que en el regreso a la actividad de la Presidenta, el economista fue uno de los primeros consultados por CFK.

Por Pablo Blanco

44 millones y sin Kirchner



Sorpresas te da la muerte. Incorrecta como es, en turno injusto, se llevó a Kirchner. La vida continúa. No me gustaba Kirchner. Pero menos me gustan los gorilas de derecha y de izquierda que pujan por joderse. Unos, amplificándolo. Otros, ningunéandolo. En este hoy la Casa no está en orden. Pero en 2003 casi ni Casa había. Aún olía a chamuscado. Por entonces estuve por entrevistar a Kirchner para La Nación pero su tan "democrático" filtro de campaña Alberto Fernández me rechazó por "algo" denunciado en mi Semana. Eran datos chequeados: en Santa Cruz se habían entregado estufas por votos, la prensa se expresaba con barbijo, y otras delicias más. No era nada nuevo en el folklore del país. Pero probaba que el candidato tampoco lo era.

¿Un obituario puede blanquear un prontuario? Dije que no me gustaba Kirchner. Pero me atrajo como pieza periodística, cuando venido del frío como Lupo o Lupin, fue eyectado de la galera mágica de la política tribal en uso. Chaplinesco a la hora del bastón, eludió a tres de nuestras imbancables tías (retórica, pompa y circunstancia) y entre otras frases dijo:”El desafío es el cambio” y "Traje a rayas para los evasores” (El mismo llegaría a estar incurso en esta frase).

Kirchner llegó, ganó, juró, irrumpió, casi "nadó" sobre el cabecerío de sus adictos y terminó sangrando y con gasa en la frente por chocar con una cámara de fotos. ¿Qué haría este casi desconocido patagónico?" ¿Se limitaría a jugar solo con el Protocolo o jugaría también con el Sistema? ¿Vendría a modernizar la política o a imponerle un corset según le viniera en gana?

Desde su ingreso a la Rosada no paró. Entusiasta, repentista, hiperkinético, atravesó su primera semana a Mach 3. El lunes ató cabos con colegas estratégicos. El martes destrabó en Entre Ríos el conflicto escolar. El miércoles acudió en auxilio de Formosa (la más frágil). El jueves celebró como comandante constitucional el Día del Ejército y la renovación de las tres armas. El viernes viajó con todo el gabinete a Santa Fe a discutir el Mercosur con el presidente de Paraguay. Y el sábado entró a vivir en la residencia de Olivos. Era el Otro. Y lo Otro. ¿Traería el cambio o el disfraz del cambio? Había que esperarlo.

Pronto mostraría agallas de conductor. Posesivo y frontal tomó varios toros por las astas. Y al tiempo que ejercía su poder construyó Caja (de caudales) que amigos dilectos y sectarios se ocuparon de abultar. Autoritario, excluyente, ripioso, Kirchner cubrió con éxito su período. Sinceró la Corte, defendió los Derechos Humanos (pero no todos), se desprendió de la Gran Deuda, acordó con Lula, acumuló reservas y dejó expedito el paso de Cristina a la Presidencia.

Personaje shakesperiano (que lo fue) diseñó la utopía de una dinastia K., manoteó poder donde lo hubiese, y ya entreviendo que el país podía quedarle chico, extendió su afán a unir el sur del continente. Pasión, furia, acción. Ante fenómeno tal, una oposición escuálida y estática se limitó a sumar denuncias que recién se tratarían durante el Juicio Final. Era el tiempo K y K marcaba el tiempo.

¿La muerte mejora el curriculum?¿La muerte dignifica? La desaparición de Kirchner sonó como aldabonazo. Parte del país lo lloró. Otra lo lamentó. Y otra se aisló en el estupor y la indiferencia. (Y porque está en la naturaleza misma de todo serpentario, el rancio gorilaje celebró).

Su muerte súbita coincidió con el inicio del censo nacional. Ahora somos 44 millones menos Kirchner. Encuesta que hoy se hiciese para saber que quiere el pueblo ¡ya!, daría, lejos, mayoría a los moderados. Con clamor que va de Lapataia a San Antonio de los Cobres, pidiendo lo mismo: que se pacte y encare un cambio profundo (pero civilizado) o civilizado (pero profundo). Un sueño de difícil andadura pues los sectarios de derecha e izquierda desprecian a los moderados más de lo que ellos se desprecian entre sí.

Comparados con los de India y Sudafrica nuestros conflictos íntimos son de risa. Pero aún así, es difícil aflore aquí un Gandhi o un Mandela. Pasa que un disparate enorme (la escasa distancia entre problema y solución) obliga a lo argentino a estar siempre "en veremos". Así va que celebramos bicentenario anclados en obstinado y repetido Año Cero. En convivencia espasmódica, pues los votos nunca llegan a destino. O se pierden o se tuercen o los deglute un poder instalado "a ese efecto". Mucha verdad encierra la sentencia "Todo pasa", aunque aquí no rige pues da en pasar siempre lo mismo. O nos machaca una bota o nos ahorca un mercader o nos arrea un mandamás. Ni evolución ni revolución. Desorden y desbande. "Problemático y febril" el 20. Y el siglo 21 también.

Es prematuro afirmar cuál será la real talla de Kirchner. Pero en la historia entró. En lo que va de esta aun balbuciente democracia solo él y Alfonsín cruzaron ese umbral. El resto fue un relleno de fantasía. De como se conduzca la presidenta Cristina Fernández y se comporte la oposición (por ahora nonata) dependerá la salida pronta o lenta del laberinto en el que queda el país tras la muerte de Kirchner. Pasados los duelos y quebrantos, tanteando en medio de una niebla que envuelve a dirigentes y habitantes, destaca prístino, el consejo que supo acercarnos hace muy poco el presidente del Uruguay. Que dejemos de jodernos entre nosotros. Que no otro mensaje que ése nos dejó José Mujica al responder a la prensa con verso cuasi de bolero"Los argentinos no se saben querer".

Por Esteban Peicovich

Hebe de Bonafini y Hugo Moyano, las dos caras de un funeral histórico



Ella lo quería como a un hijo. Para él, era un “compañero” peronista. Ambos habían compartido mucho con el ex presidente Néstor Kirchner, pero el abrupto final de su vida los encontró a ambos en situaciones disimiles. Mientras la titular de Madres de Plaza de Mayo mantuvo hasta el último minuto una relación excelente con el patagónico, el camionero fue el que lo habría hecho rabiar pocas horas antes de su muerte. Hebe de Bonafini y Hugo Moyano fueron las dos caras de un funeral histórico.

Así lo hizo sentir y transmitió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando el ataúd de su difunto esposo era velado en la improvisada capilla ardiente del salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada.

Moyano y Hebe, dos alfiles K, son la síntesis perfecta del abanico ideológico que contenía la figura del ex presidente. El camionero, surgido de la juventud sindical en los 70, una organización vinculada con la derecha peronista y la Triple A, cuyo fantasma todavía persigue al líder de la CGT. La virulenta Madres representa todo lo opuesto: la lucha contra el terrorismo de Estado en los años más oscuros de la historia Argentina y el ala izquierda del oficialismo.

Para Moyano, distancia. Moyano llegó temprano a las 11:39, casi junto con la mandataria. El desfile incesante de personas ya había comenzado hacía poco más de una hora. La corona de claveles rojos y blancos del camionero yacía frente a la Casa Rosada. Él se acercó a Cristina que, inmóvil, jamás sacó su vista del féretro, ni siquiera cuando acercaba su oído para escuchar al camionero, que le hablaba sin respuesta.

CFK estaba gélida, como un glaciar, mientras Moyano tocaba con su mano izquierda el cajón cerrado, cubierto por una bandera, la banda presidencial y el bastón de mando de Kirchner. Ella nunca lo miró a los ojos, ni siquiera para agradecer las palabras de la CGT que el día anterior, de boca de Moyano, había sentenciado: “Después de Perón y Eva Perón, nadie le dio tanto a los trabajadores como Néstor Kirchner”. Ante la barrera de silencio, Moyano le tocó el hombro, susurró algo a su oído y se fue, mientras los jóvenes cantaban: “Cristina, corazón, acá tenés los pibes para la liberación”.

En el fondo, ambos sabían qué pasaba: la noche anterior al paro cardíaco que lo mató, Kirchner había discutido a los gritos con Moyano por teléfono, que le reprochaba su falta de apoyo en la presidencia del PJ. “Se acostó alterado”, dijeron en el entorno del patagónico. Horas después falleció de “muerte súbita”, dejando un inmenso vacío.

Amor de Madres. El caso de Hebe fue otro. Todo lo contrario. Apenas la vio, Cristina caminó hacia ella, y se fundieron en un cálido abrazo. Hebe estaba devastada y se quebró emocionalmente. "No llores, no llores, hay que ser fuertes", le dijo la Presidenta. Era en vano, dirigente de 82 años lloraba desconsolada en su hombro.

Apenas se conoció la muerte de Kirchner, Hebe dijo que "todos los recuerdos que tengo de él son buenos y lindos". Más tarde, en la marcha en Plaza de Mayo, prometió “dar hasta nuestra última gota de vida y sangre para defender la patria; como nuestros hijos dejaron su sangre. Y hoy Néstor Kirchner es un único y queridísimo hijo para nosotras".

Mientras Hebe y las Madres daban su último adiós a K, Moyano aprovechaba para reencausar su relación con los directivos de la UIA y afirmaba que la muerte del ex presidente abría una nueva etapa en la Argentina. Los empresarios lo notaron “manso”. Estaba dolido por la pérdida y confundido por la distancia que le había puesto la Presidenta. Días más tarde, desde la pantalla del ultraoficialista 6.7.8 Moyano fue tajante: “No discutí con Kirchner. Han dicho cada disparate. En ningún momento. Fue una conversación normal”.

Los gestos, palabras, distancias y emociones del velatorio de Kirchner despliegan un sinfín de interpretaciones, pero la actitud de la Presidenta pueda revalorizar una frase que Hebe de Bonafini lanzó hace ya algún tiempo. “Moyano va a ser un traidorazo”, dijo desde Plaza de Mayo. “Por las dudas yo no le daría la espalda”, agregó la visceral mujer.

En el momento más duro de su vida, CFK pareciera haberle hecho caso a Hebe.



Por Pablo Blanco

El saludo silencioso de Scioli a CFK

Se abrazaron en silencio. Cristina lo miró a los ojos, con los lentes negros que cubrían sus lágrimas, y se apoyó en él. Scioli la sostuvo con la mano izquierda y devolvió la mirada. A su lado estaba Karina Rabolini y más atrás Diego Armando Maradona y su novia, Verónica Ojeda.

Así quedaron retratados la Presidenta y el Gobernador en el velatorio del ex presidente Néstor Kirchner, una postal que para muchos da cuenta del presente y futuro del peronismo, con Cristina y Scioli como principales referentes.

El gobernador prefirió apelar al silencio cuando trascendió la muerte de Kirchner y hablo con cuentagotas. "Todavía no lo puedo creer", dijo. "Había ido a descansar a su lugar en el mundo y encuentra la muerte, estas son las cosas del destino", agregó y culminó diciendo que era una "una pérdida irreparable".

Luego, cuando las especulaciones políticas ya se cenían sobre su apellido, Scioli fue tajante: "No es momento ni tiempo de hablar de elecciones. Es de una actitud miserable. Son horas desgarradoras y ahora más que nunca estaré al lado de la Presidenta", sentenció ante una consulta del diario PERFIL.

Scioli romperá su silencio para transmitirle otro gesto de apoyo a la Presidenta: allanará todos los caminos para que sea designada como titular del partido justicialista, cargo que hasta su muerte ocupó su marido, Néstor Kirchner.

Por Pablo Blanco

Repercusiones sobre la muerte de Kirchner

Opiniones – Jueves 28/10
Alfredo Leuco Muerte en dos países rabiosos

Nelson Castro Premoniciones y estado de shock

Artemio López A seguir tu ejemplo

Edi Zunino Agenda mortal

Abel Posse Ahora, la Presidenta y la oposición

Ceferino Reato Cristina e Isabel

Jorge Asís El absurdo previsible de la muerte

Javier Calvo El día que la Argentina fue plural

Rosendo Fraga El peronismo después de Kirchner

Eliseo Verón El poder de la muerte

Julio Bárbaro La obsesión: virtud y defecto

Daniel Guebel La resurrección del kirchnerismo

Pacho O´Donnell Un mandatario fuerte

Pepe Eliaschev Un personaje sólido

Cristiano Rattazzi Una vocación pública envidiable

Andrés Calamaro Se me fue alguien cercano

Opiniones – Viernes 29/10

Carlos Rottemberg Se permite respetar a Néstor Kirchner

Tomás Abraham Miedo, tristeza y bronca

Diego Grillo Trubba El hombre que dividía las aguas

Andrew Graham-Yooll Otra prueba para la democracia

Manuel Mora y Araujo Murió en su ley

Omar López Mato El juicio de la historia

Claudio R. Negrete Ese lugar común

Darío Gallo Un funeral que anuncia el futuro

Carlos De Simone Obsesionado por la caja

Martín Rodríguez Un irreductible rabioso

Aníbal Fernández Te quiero mucho, flaco

Juan José Becerra Completando la épica K

La nota que anticipó los riesgos de salud de Kirchner

Tras su segunda internación, Perfil.com publicó una nota con opiniones de cardiólogos y analistas políticos que analizaban cómo la salud podía influir en sus pretensiones de ser candidato en 2011. El diagnóstico que hacían los especialistas enfureció a los medios oficialistas que denunciaron una “campaña de prensa” y le restaron importancia, sobre todo, a las palabras de los médicos consultados. Un mes después, Kirchner murió. A continuación el informe que anticipó los riesgos de salud de Kirchner:

La debilidad física de Kirchner hace peligrar su carrera presidencial hacia 2011.

En sólo 6 meses al ex presidente Néstor Kirchner le realizaron dos operaciones de urgencia. La primera fue el 7 de febrero por una obstrucción de la arteria carótida derecha en una cirugía en la que se le sacó una placa ulcerosa. La segunda intervención fue anoche, por un problema coronario. Al diputado se le realizó una angioplastia con colocación de un stent en la artería coronaria obstruida. Si bien le darían el alta en 24 horas, ¿qué tan graves son estos síntomas? ¿corre riesgo la vida del actual presidente del PJ? ¿debería el kirchnerismo replantear su estrategia de cara al 2011 tras estas operaciones?

Morbimortalidad por enfermedad ateromatosa carotídea y coronaria concomitante. Aunque parezca complicado, esto es lo que podría pasarle a Kirchner, según especialistas consultados por Perfil.com. Es una enfermedad que puede afectarle el corazón o el cerebro, los dos lugares comprometidos en cada operación. El cardiólogo Eduardo Dussaut (M.M. 54340) lo explicó: "Este tipo de lesiones que aparecen en las arterias son lesiones que muestran deteriorio en todo el largo arterial en la circulación del organismo en lugares claves".

Para Dussaut "en caso de que no hagan estas operaciones de manera preventiva, se puede sufrir un infarto y quedar condicionado de por vida". Y por el temperamento de Kirchner, para el cardiólogo esto "se le puede trasladar a todo el sistema circulatorio. Eso hace que deposite colesterol en arterias vitales. Si está tapada, puede mandar un coagulo al final de la arteria del corazón o al cerebro. Eso puede traer infartos y en el caso del cerebro hemiplegias o trastornos". Por todo esto, para Dussaut "el riesgo de morbimortalidad en Kirchner es muy alto si no se cuida. En esto hay riesgo de quedar discapacitado o peor, de una muerte súbita".

Por su parte el médico cardiólogo del Hospital Italiano, Norberto Oscar Vulcano, no quiso referirse a la situación particular del presidente de UNASUR. Sin embargo, ofreció su perspectiva para cualquier paciente que haya tenido este tipo de intervenciones: "En el caso del corazón, el hecho de tener una lesión en cualquer arteria puede traer un infarto. El tener dos lesiones en territorios distintos incrementa el riesgo, esto debe tomarse como un indicador".

Por último Vulcano explicó que si bien estas lesiones arteriales pueden darse "en cualquier territorio" del cuerpo, "a los fines prácticos estos órganos (corazón y cerebro) tienen causas más graves".

¿Candidato?. El otro frente que debe analizar Néstor Kirchner y todo el movimiento que él lidera es el de las candidaturas. Si bien faltan más de 10 meses para decidir los nombres, todos los funcionarios hablaron de "pingüino o pingüina". La salud del ex presidente obligará al kirchnerismo a replantear de qué manera encarar las elecciones presidenciales en 2011. ¿Puede el patagónico ser el candidato para la Rosada? ¿o deberá tener un rol secundario y por ende ser Cristina la que encare la posibilidad de ser reelecta?

Para el analista Rosendo Fraga "un problema como el que tiene Kirchner puede ser superado" y de ninguna manera "hará que modifique el nivel de actividad. Debe cuidarse y nada más". A pesar de esto, añadió que " faltan 14 meses. Esto puede empeorar o mejorar", pero hasta el momento "no lo inhabilitan para una candidatura".

En sentido contrario fue el analista y consultor de medios Jorge Giacobbe. Para él, Kirchner "tiene que entender su debilidad física". En términos políticos, la pregunta más importante que habría que hacerse según Giacobbe es " ver como reacciona ella (por Cristina Kirchner). Hay que ver si se agranda o se achica. Si sale para adelante o se espanta por ver debilitado a su jefe".

Por último, consideró que esta misma pregunta deberán hacerse los funcionarios y políticos que apuestan al kirchnerismo en 2011: "Todos esos que están a su lado, ¿sienten que tienen más jefe o menos jefe?, esto hará que haya un replanteo puertas adentro".

Por Ramón Indart

Los famosos ante el impacto de la muerte de Kirchner

Así como Carlos Menem supo rodearse de farándula en su década de Gobierno, el kirchnerismo también amalgamó a una serie de artistas populares -actores y músicos sobre todo- en defensa de su proyecto político. ¿Cómo recibieron ellos la noticia de la muerte de Kirchner?

Florencia Peña: "Es difícil encontrar reemplazo para él. No puedo parar de llorar. Quiero creer que su muerte va a servir para algo. Hay mucha hipocresía en los que enviaron condolencia y le desearon la muerte tantas veces. Muchos escribieron editoriales matándolo en vida, hubo periodistas muy crueles. Yo creo que esos opositores y periodistas no merecen tener un espacio para decir cosas. Yo no los dejaría acercarse a una cuadra".

Víctor Heredia “Es una pena muy grande para la democracia argentina. Un tipo extraordinario que trabajó para unir a los argentinos”.

Anabel Cherubito: “Que este dolor nos una más que nunca y sigamos luchando por un país más justo y libre como quería nuestro querido Nestor”.

Miguel Rep: “A veces tenemos rachas en este país y de golpe parece que terminaran”.

Fierita Catalano: “Se me cae la primer lágrima del día, estoy golpeado. En 36 años de vida nunca me sentí tan representado y orgulloso”.

Alejandro Apo: “Hizo tanto para cambiar algunas cosas. Se minimizaba su situación. No lo puedo creer y mando un abrazo grande. Es momento de acompañar a toda la gente que lo puso en el lugar”.

Ricardo Forster: “Es muy dura la política argentina y ahora habrá que ver que dicen los ‘caranchos’. Kirchner era un hombre de convicciones, que atravesó la Argentina con pasión, con capacidad de salir a discutir. Tomó el país en un momento oscurísimo en la Argentina”.

Teresa Parodi: "Era un amigo con el que hablaba. Fue un militante tan joven, dio tanto por este modelo. Hay que sostener como nunca a Cristina ahora que ella enfrenta esto sola".

También hubo espacio para los críticos del Gobierno, sobre todo periodistas, como Nelson Castro y Jorge Lanata.

Nelson Castro: "Muy doloroso, que como a todo el mundo, a mí me ha consternado y apenado, pero no me ha sorprendido. Era un hombre que tenía un alto nivel de riesgo y era importante que él frente a esto tomara conciencia de ello para producir las modificaciones en su vida que le permitieran convivir con ese riesgo. Lamentablemente, eso no estaba en la forma de ser de Néstor Kirchner”.

Jorge Lanata: “Kirchner fue asesinado por su personalidad. Néstor Kirchner ha muerto y el pasado, ahora, se convirtió en anécdota: la avidez que lo empujó al precipicio será avaricia o entrega generosa, según la historia y quien la escriba”.

Las diferencias entre Isabel y Cristina al enfrentar la muerte de sus maridos

La muerte del ex presidente Néstor Kirchner quedará en la historia como uno de los sucesos políticos fundamentales, aunque aún sea apresurado equipararlo al fallecimiento de Juan Domingo Perón. Entre ambos hechos, ocurridos a 36 años de distancia, hay varias similitudes y diferencias, en especial si se compara a sus viudas: Cristina Fernández de Kirchner y María Estela Martínez Cartas de Perón, alias "Isabel".

No era un día peronista el 1 de julio de 1974: las nubes invernales cubrían todo cuando se conoció el fallecimiento de Juan Domingo Perón, a los 78 años, en la residencia de Olivos. Fue Isabel la encargada de difundir la noticia: "Con gran dolor, debo transmitir, al pueblo el fallecimiento de un verdadero apostol de la paz y la no-violencia", dijo.

La muerte de Kirchner, en cambio, lo encontró junto a su esposa descansando en El Calafate , sus pagos santacruceños. La noticia se conoció en boca de los medios, a las 10 de la mañana de un día en el que el país estaba paralizado por el Censo Nacional de Población. Cristina Fernández no pronunció una palabra en público mientras se realizaban los preparativos para desplazar los restos de su marido hacia la Casa Rosada, donde fue velado.

Tras el fallecimiento de su esposo, Isabel Perón, quien había sido electa vicepresidenta con el 62 por ciento de los votos en 1973, debió hacerse cargo de los destinos del país. Cristina Fernández de Kirchner no debió hacerlo, ya que asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2007, tras obtener el 45 por ciento de los votos. Ambas fueron las únicas presidentas femeninas en la historia del país.

"Asumo constitucionalmente la primera magistratura del país, pidiendo a cada uno de los habitantes la entereza necesaria, dentro del lógico dolor patrio, para que me ayuden a conducir los destinos del país hacia la meta feliz que Perón soñó para todos los argentinos", afirmó María Estela Martínez Cartas, el mismo día de la muerte de su esposo.

La flamante presidenta pronunció su primer discurso en la Casa Rosada, visiblemente conmovida, con una imagen frágil y la voz quebrada. La rodeaban los funcionarios de su gabinete, entre los que destacaba el ministro de Acción Social José López Rega, "el brujo", que ejerció una fuerte influencia sobre Perón primero y su sucesora después. Entonces se decía que era López Rega quien controlaba a Isabel y ejercía "el poder real".

Cristina Fernández aún no pronunció ningún discurso ni prestó declaraciones a los medios tras la muerte de su marido. Se la pudo ver junto a sus hijos , Máximo y Florencia, en la capilla ardiente armada en el Salón de los patriotas latinoamericanos de la Casa Rosada.

Luciendo anteojos negros, la presidenta se mantuvo firme a pesar del difícil momento. Hasta que uno de los manifestantes gritó: "¡Hermana Cristina, viva Chile, viva América del Sur!". Fernández se quebró y tuvo que ser contenida por su hija Florencia.



Por Pablo Blanco

Moreno reapareció con su fuerza de choque

Guillermo Moreno, el poderoso secretario que respondió directamente a Néstor Kirchner, reapareció en público tras varias semanas. El funcionario cuya cabeza el ex presidente nunca quiso entregarle a la oposición se presentó junto a un puñado de allegados en la Plaza de Mayo, pero no se lo vio en las primeras horas del velorio en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, en la Casa Rosada. Su paso habría sido fugaz.

El secretario que intervino con mano de hierro el Indec y las polémicas cifras de la inflación había aparecido en público por última vez hace más de dos meses. Fue el 24 de agosto, en la misma Casa de Gobierno, cuando Cristina Kirchner presentó el informe "Papel Prensa La Verdad", que estuvo a cargo de Moreno.

Los acompañantes. El hombre rubio de 34 años que estaba junto a Moreno, esta tarde, forma parte de la fuerza de choque que tiene el funcionario. Su nombre es Alberto Brown y trabaja en la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Está como personal contratado y según fuentes allegadas, entró con la intervención del organismo.

Brown es un joven kirchnerista que milita en la Agrupación Pueblo Peronista de Guillermo Moreno, que tiene sede en Piedras y Humberto Primo, Capital Federeal. En enero de este año fue junto con un grupo de militantes que capturaron la puerta del Banco Central y para evitar que se manifestaran los que apoyaban a Martín Redrado. Ese día, Brown dijo que había ido.

Otro de los miembros de la patota que lo acompañó al funcionario es Fabián Ochoa (calvo, detrás de Moreno) quien en junio de este año organizó un escrache a Alfredo De Angeli en la ciudad de Azul. Ochoa es el secretario general del Sindicato de Trabajadores de Mercado de Hacienda de Liniers y allegado de José "Beto" Fantini, el mandamás de la Federación de Sindicatos de la Carne y habitué de la "escuelita" de Moreno.

El funcionario. Moreno es uno de los integrantes del Ejecutivo más resistidos por la oposición desde inicios de 2007, cuando comenzó a ser acusado de "dibujar" el Índice de Precios al Consumidor y también incluso cuestionado dentro de la Casa Rosada por el ala menos "nestorista". Pese a las múltiples críticas, el secretario de Comercio fue mantenido en el puesto por el ex presidente. Es más, fue "premiado" con nuevos desafíos: la papelera quebrada Massuh o el avance en Papel Prensa contra Clarín y La Nación.

El secretario Comercio tuvo una relación áspera con todos los ministros de Economía con los que tuvo que convivir. Fueron cinco que pasaron y él sigue en su puesto: Roberto Lavagna (2003-2005), Felisa Miceli (2005-2007), Miguel Peirano (2007), Martín Lousteu (2007-2008) y Carlos Fernandez (2008-2009). Desde de julio de 2009 es Amado Boudou, pero según algunas versiones periodísticas, este último también podría dejar de ser el jefe de Palacio de Hacienda.

Por Rodis Recalt, con la colaboración de Diego Gueler.

Los antecedentes de salud de Kirchner



La vulnerabilidad de la salud de Néstor Kirchner fue uno de los temas más candentes este año, luego de que fuera operado de urgencia dos veces en sólo seis meses por problemas cardíacos, y que a las pocas horas se mostrara como si nada hubiese pasado, lo que generó diversas especulaciones acerca del futuro del kirchnerismo de cara a las elecciones de 2011.

Este año, la primera intervención de urgencia que recibió el ex presidente fue el 7 de febrero por una obstrucción de la arteria carótida derecha en una cirugía en la que se le sacó una placa ulcerosa. La segunda fue el domingo 12 de septiembre, por un problema coronario. Al ahora ex diputado se le realizó una angioplastia con colocación de un stent en la artería coronaria obstruida. Si bien le darían el alta en 24 horas, el mandatario dejó el sanatorio horas antes de que eso sucediera, y a los dos días se mostró como si nada en un acto de la Juventud Kirchnerista.

Mientras tanto, el gobierno se empeñaba en minimizar el accidente para no mostrar a su líder enfermo. Él mismo jugaba a hacer como si nada hubiese pasado: lo hizo cuando entró caminando a la Clínica de Olivos, ese domingo 12 de septiembre por la tarde, con un dolor en el pecho; cuando quiso ver el partido de Racing antes de ser trasladado al Sanatorio Los Arcos para su intervención; cuando decidió irse con el alta tres horas antes de lo establecido por los médicos; y cuando se mostró junto a Cristina Fernández en el acto de la juventud kirchnerista, un día y medio después de la operación, y a pesar del reposo absoluto que le habían recomendado los médicos tras la intervención.

Los médicos consultados por Perfil.com en ese momento habían sido claros: Lo peor que podía pasarle, si es que no se cuidaba, era morirse. Pero también hicieron una serie de especulaciones acerca de otras afecciones que podrían haberle provocado: "morbimortalidad por enfermedad ateromatosa carotídea y coronaria concomitante", una enfermedad que podría haberle afectarle el corazón o el cerebro, los dos lugares comprometidos en cada operación.

Pero, aunque la salud de Kirchner comenzó a tener peso este año, a poco de las elecciones presidenciales de 2011, la realidad es que sus malos hábitos ya venían jugándole algunas malas pasadas. Ya en 1996, cuando empezaba su segundo mandato como gobernador de Santa Cruz, fue operado de hemorroides y además le comunicaron que padecía una enfermedad denominada colon irritable. "Su temor era muy justificado porque su padre había muerto a los 64 años como consecuencia de un cáncer de colon", contaba en febrero Luis Majul, autor de "El Dueño", en su sitio Hipercritico.

Y revelaba que "el día en que lo operaron de hemorroides, Kirchner se “escapó”, interrumpió el estricto reposo recomendado por su médico personal, Luis Buonomo y se puso a trabajar en su despacho de gobernador, un par de horas después de haber sido intervenido. En plena reunión de trabajo, como no se sentía del todo bien, le pidió a su vicegobernador, Eduardo Arnold, dos cosas. Una: que llamara a Buonomo. Y la otra: que le avisara a su mujer que se había terminado de operar de hemorroides".

Además, destacaba algunos de sus malos hábitos, que lo llevaron a asustarse: "Fumaba Jockey Club, tomaba whisky Criadores, apostaba en la ruleta casi siempre al número 29 y comía cualquier cosa, hasta que un buen día se asustó y su vida cambió para siempre". Desde la hemorroides que lo asustó, Kirchner comenzó a cuidarse en las comidas.

Y relata aquella vez en 2004, cuando ya era presidente, en la que, a pesar de todos los cuidados, "sintió que de verdad se moría": "Fue en la cama del hospital público José Formenti de El Calafate. El diagnóstico: gastroduodenitis erosiva aguda con hemorragia. La causa: un fortísimo analgésico y antiinflamatorio llamado ketrolac. Tomó el medicamento sin consultar a su médico el jueves 8 de abril, porque le dolía la muela. Empezó a sentirse mal casi de inmediato. De cualquier manera se tomó el avión presidencial y se fue a Río Gallegos. Antes de subir, habló con Buonomo, quien le suplicó que no viajara a El Calafate. Kirchner no le hizo caso. Por la noche empezó a vomitar y defecar sangre. Primero en su propia casa, después en el hospital, donde fue llevado de urgencia. La operación fue un éxito, pero durante unas horas, Cristina Fernández y sus hijos temieron lo peor. El entonces presidente estuvo peor de lo que se informó y tuvo que ser sometido a una transfusión de sangre equivalente a la mitad de los glóbulos rojos de todo su cuerpo. Hacía una semana que Kirchner venía soportando el estrés de su primera derrota política: la multitudinaria marcha de Juan Carlos Blumberg en demanda de mejores leyes y mayor seguridad".