CUBA: 50 AÑOS DE REVOLUCIÓN IMPASIBLE PESE A LOS EMBATES DE LA HISTORIA
Por Silvia Ayuso (dpa)

LA HABANA (dpa) - Sistemas políticos colapsados, presidentes que fueron y se marcharon, guerras y atentados, alianzas rotas y vueltas a rehacer, países reconfigurados... todo esto y mucho más soportó impasible la revolución cubana que, ahora, celebra su primer medio siglo de vida propugnando su continuidad socialista pese a los embates de la historia.

Ya nada es igual a como era aquel 1 de enero de 1959, cuando los combatientes del joven y barbudo Fidel Castro entraron victoriosos en la suroriental ciudad de Santiago de Cuba, declarando el triunfo de una revolución que aún no había revelado su rumbo y de la que se desconocía la influencia que adquiriría en todo el mundo pese a tener su base en una pequeña isla del Caribe.

En la madrugada del mismo día, el dictador Fulgencio Batista había huido del país, dejando a los rebeldes una isla que los jóvenes pensaban poner patas arriba para crear un sistema que pocos hubieran apostado que, con todo lo que ha llovido en este medio siglo, seguiría teniéndose en pie, con más o menos tambaleos, 50 años más tarde.

Ocho días después, la victoria total: Fidel Castro entra entre vítores en La Habana, vestido con el uniforme verde olivo que ya entonces se había convertido en su signo distintivo.

En la foto no estaba su hermano Raúl, el otro constante de la revolución cubana, que se había quedado en Santiago, ni el argentino Ernesto Che Guevara, cuya muerte guerrillera lo convertiría ocho años después en un mito rebelde que perdura aún hoy día.

Sí estaban por el contrario otros, como Huber Matos, personajes que en los años posteriores, sin embargo, la historia revolucionaria fue borrando porque no se ajustaban al ideal socialista que más tarde afirmarían era el objetivo primigenio.

Y es que muchos, como Matos, que cumplió 20 años de prisión, aseguran que no era ese el plan cuando tomaron las armas en 1956, tras el desembarco de los 82 guerrilleros liderados por Fidel Castro llegados de México en el yate "Granma" para derrocar definitivamente a Batista.

Un "carácter socialista" que sólo sería proclamado oficialmente dos años más tarde -y varios atentados achacados a Estados Unidos después-, el 16 de abril de 1961.

"Esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, por los humildes, para los humildes", afirmó Castro, despejando cualquier duda de su progresivo acercamiento a la Unión Soviética.

Un día más tarde, el 17 de abril, la nueva Cuba revolucionaria se preparaba para su primera gran victoria contra el "imperio", léase Estados Unidos: en menos de 72 horas, la isla repelió el desembarco en Playa Girón (Bahía Cochinos) de 1.500 anticastristas organizados y apoyados por la CIA que fueron apresados casi todos.

Las -malas- relaciones con Estados Unidos quedarían ahí selladas para siempre... o al menos durante las siguientes décadas: en enero de 1962, a instancias de Washington, Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) y, un més más tarde, el presidente estadounidense John F. Kennedy ordena el embargo que aún persiste, incluso más reforzado, y que la isla afirma le ha costado en estas décadas casi 100.000 millones de dólares de pérdidas.

Y, en octubre de ese mismo año, el mundo asiste con aprensión a la "crisis de los misiles", después de que se conociera que la URSS había comenzado a instalar misiles nucleares en la isla apuntando contra Estados Unidos.

La retirada del armamento poco después -sin que se consultara a Cuba- provocó malestar en Fidel Castro, lo que sin embargo no impediría que el bloque soviético se convirtiera en las décadas siguientes en el principal sostén de la isla, hasta su derrumbe en 1989.

Unas décadas durante las cuales Cuba desarrolló su "campaña internacionalista" tanto en el plano militar, participando en conflictos bélicos en Argelia, Congo, Angola y América Latina -el Che moriría en octubre de 1967 tras el fracaso de su guerrilla en Bolivia- como en el médico, con el envío de decenas de miles de médicos cubanos a todas las partes del Tercer Mundo, lo que le ha valido la fama de solidaridad y el reconocimiento de numerosos países.

La desaparición del bloque soviético sumió a Cuba en una profunda crisis durante los años 90, conocida como el "período especial", que, si bien no logró, como esperaban muchos de los enemigos de los Castro, el fin del régimen de la isla, sí dejó fuertes secuelas. Sobre todo en materia de corrupción y la "doble moral" que aún hoy día las autoridades reconocen como uno de sus principales problemas.

Pero ni el derrumbe de la URSS ni la transformación de China o Vietnam en un socialismo con economía de mercado, ni el paso de hasta diez presidentes en Estados Unidos con diversas políticas contra la isla, ni el alejamiento de numerosos intelectuales de las líneas cubanas, ni tampoco los cientos de miles de cubanos que a lo largo de estas décadas huyeron de au país -hay más de dos millones viviendo en el exterior- lograron que ésta variara un ápice su rumbo.

El 31 de julio de 2006, muchos creyeron que el cambio por fin había llegado: el eterno Fidel Castro anunciaba mediante una proclama la delegación de sus poderes en su hermano Raúl a causa de una enfermedad nunca revelada y que, tras año y medio largo de incertidumbre, lo llevó finalmente en febrero de 2008 a renunciar a la presidencia del país de manera definitiva.

Y sí, es cierto, Raúl Castro realizó algunos "cambios", como el levantamiento de "prohibiciones absurdas" que impedían a los cubanos alojarse en hoteles de lujo o tener un celular, así como el reparto de tierras ociosas, aunque quedan en el tintero otros muy ansiados como la libertad para viajar o la eliminación de la doble moneda.

En materia política no sólo firmó -aunque aún no ha ratificado- dos pactos internacionales de derechos humanos, sino que arregló sus relaciones con México, Brasil y la Unión Europea, entre otros, e incluso logró el ingreso de Cuba en el Grupo de Río.

Pero, en lo que a ideología se refiere, Raúl Castro ha dejado bien clara su intención de continuar el rumbo socialista delineado por su histórico hermano, cuya presencia -tras casi dos años y medio sin ser visto en público- constituye la mayor incógnita de las celebraciones por el "50 aniversario del triunfo de la revolución" que tendrán lugar en Santiago de Cuba con la presencia de gobiernos amigos como Bolivia o Venezuela.