EL "CHE" GUEVARA, LA IMAGEN INTERNACIONAL DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
Por Theo Peters (dpa)

MADRID/LA HABANA (dpa) - Murió cuando Fidel Castro no había cumplido una década en el poder. El médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, que se ganó su famoso apodo de "Che Guevara" durante la guerra de guerrillas que hace medio siglo acabó con la dictadura de Fulgencia Batista, fue la imagen internacional de la revolución cubana y el símbolo mítico de su proyección latinoamericana.

Seguramente, el Che Guevara jamás creyó que llegaría a cumplir 80 años para estar presente, el 1 de enero de 2009, en los festejos conmemorativos del 50 aniversario del triunfo de la revolución cubana. Su vocación confesa, como luchador antiimperialista, era hacer la revolución donde fuera necesario, y sabía que su determinación de combatir siempre en primera fila, despreciando los peligros, conllevaría el riesgo de una muerte prematura.

Durante los días finales de la insurrección cubana, en diciembre de 1958, el Che dirigió la batalla decisiva que acabó con las ilusiones de Batista de mantenerse en el poder. Su fama como audaz y brillante comandante rebelde fue creciendo con el tiempo, para convertirse tras su muerte, en Bolivia, cuando sólo tenía 39 años, en un auténtico mito de la guerrilla latinoamericana del siglo XX.

El Che fue la imagen personificada de la revolución armada, ídolo de toda una generación de jóvenes de izquierda, desde México hasta Francia, y ejemplo máximo de la entrega incondicional, hasta la muerte, a la causa de la revolución socialista.

Explotado hasta con fines comerciales, su retrato clásico, con la boina negra, pelo largo y la mirada serena, dirigida hacia el horizonte, dio la vuelta al mundo en la década de los 60 como símbolo de la protesta mundial contra el "imperialismo norteamericano" y los valores materialistas de la sociedad capitalista occidental.

La figura del Che, idealizada, llegó a convertirse en máximo exponente del romanticismo revolucionario, pese a que él mismo dirigió cientos de fusilamientos en la prisión habanera de La Cabaña después del triunfo de la revolución en 1959, según el testimonio del cubano exiliado José Vilasuso Rivero, quien formó parte de la comisión encargada de los procesos sumarios en esa cárcel castrista.

Tampoco parece compatible con la imagen romántica que se impuso después de su muerte una misiva que el Che escribió en 1967, el año de su muerte, en la que define al auténtico revolucionario como aquel que se deja guiar por "el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".

Nacido el 14 de junio de 1928 en la ciudad argentina de Rosario, Ernesto Guevara de la Serna descubrió su vocación revolucionaria durante dos largos viajes que realizó a principios de los años 50 por América Latina, siendo estudiante de medicina, y que le permitieron tomar conciencia de la miseria, la injusticia y la explotación imperantes en la región.

Tras un frustrado intento de organizar la resistencia contra el golpe militar pronorteamericano que derrocó en 1954 al gobierno reformista de Jacobo Arbenz en Guatemala, el joven Guevara viajó a México. Allí conoció a Fidel Castro, quien lo convenció para que se uniera al grupo de exiliados cubanos que se preparaba para invadir Cuba y liberar a su pueblo de la dictadura del general Fulgencia Batista.

Durante la lucha guerrillera de poco más de dos años en la isla, Guevara se distinguió por su singular valentía y audacia, que se sumaban a una férrea voluntad y gran disciplina, cualidades a las que tuvo que acudir también para vencer el asma, el enemigo íntimo que le acompañaría durante toda su vida.

Tras el triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959, fue nombrado presidente del Banco Nacional de Cuba y más tarde ministro de Industria. Como dirigente revolucionario impulsó con su propio ejemplo el trabajo voluntario y defendió con pasión la aplicación de estímulos morales para crear una conciencia socialista.

Sus frecuentes viajes al exterior como embajador de la revolución, que le llevaron a conocer Moscú y otras capitales socialistas, enfriaron progresivamente su inicial entusiasmo por la Unión Soviética, a la que llegó a criticar por su burocratismo, el énfasis en los estímulos materiales y el escaso apoyo a los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo.

En un discurso pronunciado en Argel, en marzo de 1965, el Che acusó indirectamente a la Unión Soviética, ya convertida en principal aliada de Cuba, de incurrir en las mismas prácticas de explotación del Tercer Mundo que las potencias capitalistas.

Según diversas fuentes, entre ellas el periódico francés "Le Monde", esta crítica pública a la Unión Soviética motivó, a su regreso a La Habana, un severo altercado con Fidel Castro. El Che desapareció después de la vida pública, lo cual alimentó toda clase de rumores, hasta el de su supuesto fusilamiento por órdenes de Castro.

Como se supo después, Guevara, hombre de acción no satisfecho con hacer la revolución en un solo país, se había ido al Congo para apoyar a la guerrilla en su lucha contra las fuerzas mercenarias prooccidentales en esta antigua colonia belga del África.

Frustrado por la corrupción y la escasa moral de lucha de los dirigentes revolucionarios congoleños, Guevara retornó en marzo de 1966 a Cuba, desde donde partiría meses después a Bolivia para crear en el centro de América del Sur un foco guerrillero concebido como embrión de una guerra revolucionaria en todo el subcontinente.

"Crear dos, tres, muchos Vietnam", rezaba el mensaje que el Che dirigió en abril de 1967 desde la selva boliviana a un congreso de organizaciones antiimperialistas del Tercer Mundo en La Habana.

Seis meses más tarde, Che Guevara, el enemigo número uno de Estados Unidos en América Latina, cayó herido en combate con soldados bolivianos asesorados por especialistas norteamericanos en contrainsurgencia.

Al día siguiente de su captura, el 9 de octubre de 1967, Guevara fue ejecutado a balazos en la escuela del caserío de La Higuera. Su cadáver, enterrado en secreto, no fue descubierto hasta 30 años después y trasladado a Cuba, donde yace en un monumento erigido en su memoria en Santa Clara.

La figura mítica del Che Guevara se acrecentó después de su muerte e incluso ha cobrado nueva vigencia en los albores del siglo XXI, pese al colapso del comunismo y la crisis de los movimientos guerrilleros, como símbolo de una actitud de inconformismo y rebeldía ante el nuevo orden mundial de globalización capitalista.