BIRÁN, DONDE FIDEL CASTRO SÓLO ERA "TITÍN" PERO YA APUNTABA MANERAS
Por Silvia Ayuso (dpa)

BIRÁN, CUBA (dpa) - Antes, mucho antes de que se convirtiera en uno de los grandes personajes de la historia contemporánea, Fidel Castro era el joven hijo de un pobre emigrante gallego devenido en terrateniente que tuvo una infancia de campo, en el oriente de Cuba, rodeado de cultivos de caña y de los trabajadores de su padre.

Y donde, aseguran los que lo conocieron en esa época, comenzó a formarse la personalidad de quien acabaría decidiendo los destinos de la isla durante casi medio siglo.

"El comandante no tenía necesidad de hacer la revolución, su papá tenía una finca grande, tenía de todo, pero él al ver el abuso que se hacía con los pobres, por eso es que se alzó", asegura Felipe Domínguez, un cortador de caña de la finca ya retirado.

En aquel entonces Fidel no era todavía el "comandante en Jefe" ni el "líder máximo". Era "Titín", el tercero de los siete hijos que Ángel Castro y la cubana Lina Ruz criaron en la finca azucarera de Birán, en la hoy provincia de Holguín, pero quien pese a no ser el primogénito apuntaba ya unas maneras que a su padre le llevaron a darle preferencia sobre sus otros vástagos.

"El único que comía con el viejo (Ángel Castro) era él", recuerda Juan Socarrás, quien fuera durante más de una década empleado del comercio que tenían los Castro en su finca.

Para Socarrás, "Titín" y su hermano menor Raúl, el actual presidente de Cuba, siguen siendo "los muchachos" de la finca que hoy es un museo.

Éste comprende la casa principal, construida sobre pilares a semejanza de los "hórreos" de la Galicia natal de Ángel Castro y que se fue ampliando conforme crecía la familia.

En el cuidado recinto, reconstruido en 1977 ya que la edificación original se quemó en un incendio en 1954, también se puede ver la escuelita donde los Castro aprendieron las primeras lecciones junto a los hijos de los trabajadores de la plantación.

Éstos también acudían a la tienda de la finca, la oficina de telégrafo y el bar "La Paloma", cuya planta superior Ángel Castro preparó para que su "Titín" ejerciera la abogacía, aunque quedaría vacía ya que "el niño lindo del viejo", como lo llama Socarrás, no estaba destinado a quedarse en ese aislado lugar del oriente cubano.

Desde hace 20 años, recibe a los que se acercan a visitar la finca todavía mal comunicada el "historiador" de Birán, Manuel Herrera, cuyo abuelo fue "compadre" de Ángel Castro y su padre acudió a la escuela con Fidel, compartiendo también juegos y travesuras.

Cuenta que éste le aseguraba que a Fidel "desde niño le veía el aché (la predestinación, en la santería afrocubana) de dirigir. Era un líder natural desde niño en los juegos, en los deportes, en el estudio".

Y peleón, agrega Socarrás.

"Fidel siempre me hablaba de estos sistemas revolucionarios, inclusive discutía duro con miembros del ejército de Batista, y un día le dijo a uno: 'Oye, acuérdate que un día llegará el momento en que nosotros los vamos a perseguir a ustedes'", afirma que le oyó decir en una de sus visitas cuando ya estudiaba Derecho en La Habana.

Un carácter bien diferenciado del de su hermano menor y compañero inseparable desde antes de la revolución. Cuando se menciona a Raúl Castro, una gran sonrisa aparece en muchos de los que lo conocieron.

El ahora presidente de Cuba era "muy chivador (juerguista), el muchacho del barrio. Es el criollo ese expresivo que dice las cosas de frente, el jaranero cubano al que le gusta practicar la amistad de verdad, sincera", resume Herrera la descripción de los lugareños.

Pero a la par, agrega, era el más "querendón" con la familia, un "enlace" y "consejero" de todos. Como muestra: mientras que no llegan a 20 las veces que Fidel regresó a Birán tras el triunfo de la revolución, la última en 2003, Raúl "cada vez que tiene un chance se da una vuelta" por la finca, también después de que en 2006 asumiera el gobierno por la enfermedad de su hermano.

Algunos biógrafos apuntan como motivo de este distanciamiento el enfrentamiento que, dicen, tuvo con su madre Lina cuando, antes incluso de la Primera Reforma Agraria, decidió la entrega de las tierras de Birán.

Un extremo negado por los lugareños. "Lina de momento refunfuñaba por su fuerte sentido de pertenencia, pero lo acepta porque dice que jamás iba a estar en contra de sus hijos", asegura Herrera.

Una madre luchadora también y convencida de la fidelidad familiar, añade.

La prueba, un cuadro que todavía cuelga en la casa en el que Lina Ruz colocó en 1959 los ases de la baraja sobre una foto con los "cuatro ases de la revolución": Fidel, el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y Manuel Urrutia, el primer presidente de Cuba.

Cuando éste último "traiciona las ideas de Fidel", según Herrera, "Lina vino al cuadro, vio donde estaba el traidor todavía en la foto y dijo: 'Al lado de Fidel no puede haber traidores ni en foto, y en su lugar voy a poner a Raúl, porque ese nunca va a traicionar a su hermano'".