LA REVOLUCIÓN CUBANA ENCENDIÓ LA LUCHA GUERRILLERA EN AMÉRICA LATINA
Por Theo Peters (dpa)

MADRID/LA HABANA (dpa) - El triunfo de la revolución en Cuba motivó el surgimiento en la década de los 60 de movimientos guerrilleros a lo largo y ancho de América Latina, convencidos de la posibilidad de repetir en sus propios países la hazaña del pequeño grupo rebelde, comandado por Fidel Castro, que en sólo dos años había derrotado en la isla a la dictadura del general Fulgencio Batista.

Los revolucionarios latinoamericanos, en su mayoría jóvenes izquierdistas decepcionados con los partidos comunistas prosoviéticos que preconizaban la vía pacífica hacia la toma del poder, no sólo se inspiraron en el ejemplo cubano para levantarse en armas, sino que en muchos casos recibieron apoyo activo y directo de La Habana.

La teoría del "foquismo" -iniciar "focos" revolucionarios que se multiplicarían como en un incendio-, desarrollada por el comandante Ernesto "Che" Guevara a partir de la experiencia guerrillera cubana, donde una vanguardia revolucionaria impulsó la lucha revolucionaria desde la Sierra Maestra, fue aplicada mecánicamente por numerosos grupos rebeldes latinoamericanos en los 60, con resultados desastrosos.

Ya en julio de 1960, Castro había manifestado de forma inequívoca su compromiso con la lucha revolucionaria en América Latina, al asegurar que Cuba debería ser el "ejemplo que pueda convertir a la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del continente americano".

"El deber de cada revolucionario es hacer la revolución". Esta famosa consigna era el mensaje central de la "Segunda Declaración de La Habana", leída por Fidel Castro el 4 de febrero de 1962, en la que la Cuba revolucionaria se comprometía a promover la lucha armada en todo el subcontinente latinoamericano contra los regímenes dictatoriales apoyados o instaurados por el "imperialismo norteamericano".

Pocos días antes, en enero de 1962, la Organización de los Estados Americanos (OEA), presionada por Estados Unidos, había expulsado de su seno a Cuba con el argumento de que el marxismo-leninismo adoptado como régimen político por el gobierno revolucionario cubano era incompatible con el sistema interamericano.

Para el gobierno de Castro, el nacimiento de nuevos gobiernos revolucionarios en América Latina era de importancia vital para romper su aislamiento regional, asegurar su supervivencia y derrotar al "imperialismo norteamericano" en todo el subcontinente, tras la victoria castrista sobre la invasión contrarrevolucionaria en Playa Girón, apoyada y financiada por Estados Unidos, en abril de 1961.

Ya pocos meses después del triunfo de la revolución del 1 de enero de 1959, Cuba comenzó a involucrarse directamente en expediciones guerrilleras hacia países vecinos como Panamá, Haití, República Dominicana y Nicaragua, aventuras que terminaron todas en estrepitosos fracasos.

Sin embargo, el esfuerzo principal de La Habana se centró en la entrega de armas y apoyo logístico a los grupos guerrilleros y en el adiestramiento de cientos y luego miles de latinoamericanos en tácticas de guerrilla en escuelas y campos de entrenamiento en Cuba, para que después regresaran a sus respectivos países para iniciar la revolución.

Entre los movimientos guerrilleros que en la década de los 60 contaron con el apoyo más sustancial de Cuba figuraba el grupo comandado por el ex dirigente comunista venezolano Douglas Bravo, quien después rompería con Castro por su alineamiento con la Unión Soviética.

La campaña guerrillera venezolana también fue el bautismo de fuego para el legendario general Arnaldo Ochoa, quien encabezó en 1966 y 1967, todavía con el grado de capitán, dos intentos de invasión en el país suramericano.

Años más tarde, en julio de 1989, Ochoa, héroe de la guerra de Angola de los setenta, sería fusilado por decisión de Fidel Castro tras un sonado y oscuro juicio por tráfico de drogas.

En la década de los 60, Cuba apoyó también, con el entrenamiento de cuadros y el suministro de equipos militares, a la guerrilla en Guatemala, al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Perú.

En Brasil, el gobierno cubano respaldó primero a las Ligas Campesinas y más tarde al grupo Acción Libertadora Nacional, que dirigía Carlos Marighella, principal teórico de la guerrilla urbana en América Latina, quien murió en combate en Sao Paulo en 1969.

Un trágico episodio guerrillero ocurrió en 1964 en Argentina, donde muere en la selva de la provincia norteña de Salta el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, director fundador de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, quien encabezó una expedición rebelde dirigida a control remoto, desde La Habana, por su amigo el Che.

El papel protagónico de Cuba como promotora de la insurrección antiimperialista en América Latina y en el Tercer Mundo en general quedó ratificado en enero de 1966 cuando La Habana fue anfitriona de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y América Latina, mejor conocida como la "Tricontinental", una especie de "internacional guerrillera".

En un "mensaje a los pueblos del mundo" publicado en abril de 1967 por la revista "Tricontinental", el Che Guevara formuló su famosa consigna de "crear dos, tres, muchos Vietnam", en alusión a la guerra de guerrillas del régimen comunista de Vietnam del Norte contra la invasión militar de Estados Unidos.

Cuando se publicó el mensaje del Che, el mítico comandante revolucionario estaba dirigiendo lo que sería su última expedición guerrillera, en la selva de Bolivia, adonde había llegado en noviembre de 1966 para crear, desde el corazón de América Latina, un foco guerrillero capaz de extenderse al resto del subcontinente.

La guerrilla del Che en Bolivia, en la que participaron varios destacados combatientes de la revolución cubana, fue aniquilada en menos de un año, incapaz de romper su aislamiento conquistando la confianza y el apoyo de la población campesina local y boicoteado por el Partido Comunista Boliviano, cuyo líder, Mario Monge, fue denostado por Fidel Castro como "traidor".

El 8 de octubre de 1967, Guevara es capturado tras ser herido en combate.

Al día siguiente, es asesinado a balazos por un oficial del Ejército boliviano. La muerte del Che Guevara marcó el nacimiento de una leyenda pero también el fin de una época: la del foquismo guerrillero promovido por Cuba en el subcontinente latinoamericano.

Desalentado por los fracasos de las empresas guerrilleras en América Latina y acosado por crecimientes problemas económicos internos, el régimen de Fidel Castro decide volver a acercarse a Moscú, buscando su progresiva integración en el bloque soviético.

Las relaciones entre La Habana y Moscú habían atravesado frecuentes momentos de tensión en la década de los 60, debido a los experimentos poco ortodoxos llevados a cabo por el gobierno de Castro en la construcción del socialismo en la isla y a causa de su enfrentamiento con muchos de los partidos comunistas prosoviéticos de América Latina, contrarios a la estrategia de la lucha armada.

El fracaso, en el año 1970, del ambicioso plan -una "locura" según sus detractores- de producir diez millones de toneladas de azúcar y la consiguiente agudización de la crisis económica en la isla inducen a Castro a aceptar una mayor dependencia de Moscú.

La principal consecuencia política del nuevo alineamiento prosoviético de Cuba consiste en la renuncia del gobierno de Castro a "exportar" la revolución al resto de América Latina, ya que Moscú no quería poner en peligro su coexistencia pacífica con Washington por tensiones y conflictos en el "patio trasero" de Estados Unidos.

Así, el apoyo activo de Cuba a la lucha revolucionaria en América Latina adquirió un perfil bastante bajo en la década de los 70, limitándose prácticamente al entrenamiento de cuadros de movimientos guerrilleros urbanos como los Tupamaros de Uruguay.

Además, la victoria de Salvador Allende, amigo personal de Castro, en las elecciones presidenciales chilenas de 1970 significó una rehabilitación de la vía pacífica hacia el socialismo, aunque esta experiencia sólo duró tres años, después de la cual Chile pasó a formar parte del creciente número de dictaduras militares que se instalaron en el poder en América Latina en los años 70.

El triunfo de la revolución sandinista en Nicaragua, en 1979, proporcionó a Cuba un importante aliado político en la década de los 80 y le permitió a La Habana canalizar, a través de Managua, ayuda militar a la guerrilla marxista-leninista de El Salvador, agrupada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

A finales de los 80 y principios de los 90, el panorama internacional cambió radicalmente, muy en detrimento del régimen cubano, con la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y la derrota en las urnas de los sandinistas.

Ya en 1988, Castro había admitido que no existían condiciones para que una revolución triunfante en Centroamérica pudiera sobrevivir en el nuevo contexto internacional. En los años siguientes, tanto la guerrilla de El Salvador como la de Guatemala negociaron acuerdos de paz con sus respectivos gobiernos que pusieron fin a los prolongados conflictos armados en los dos países.

Así, Cuba entró en el siglo XXI desprovista de aliados estratégicos -con las únicas excepciones de la Venezuela de Hugo Chávez y la Bolivia de Evo Morales-, cada vez más aislada internacionalmente como última reliquia de la Guerra Fría en el hemisferio occidental y obligada a centrar todos sus esfuerzos en asegurar su supervivencia económica en un mundo cómodamente dominado por su enemigo histórico, Estados Unidos.

Sin embargo, los triunfos electorales en los últimos meses de políticos latinoamericanos afines a Cuba afianzaron la postura de ésta en momentos en que la isla vivía su propia convulsión con la enfermedad de su "líder indiscutible".

El por Estados Unidos temido eje La Habana-Caracas-La Paz se consolidaba en 2006 con la asunción de Evo Morales como presidente de Bolivia y la reelección de Chávez en diciembre.

A ello se une la victoria sandinista -cuya revolución bebió directamente de la cubana- en Nicaragua de la mano de Daniel Ortega y, algo más indirectamente, la de Rafael Correa en Ecuador. También hay que contar la reelección de Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil y los gobiernos de izquierda de Néstor Kirchner en Argentina y Michelle Bachelet en Chile que, si bien no se han mostrado nada ansiosos por identificarse con Cuba, también suponen una ampliación del espectro de la izquierda en el "patio trasero" norteamericano.

El mandatario venezolano lo describía en octubre, cuando reveló lo que Castro le había dicho en una de sus entrevistas: "Chávez, ya yo cumplí mi etapa, ya yo puedo morir, ya estoy libre para morir. Tú no. Tú eres esclavo de la vida, que no te maten. Vive porque la revolución depende de que tú vivas o no vivas".