RAÚL CASTRO, LA NO TAN NUEVA CARA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
Por Silvia Ayuso (dpa)

LA HABANA (dpa) - La revolución cubana afronta su medio siglo de existencia con cambios sustanciales en una isla casi inamovible durante todos estos años: no será su histórico líder, Fidel Castro, sino su hermano menor, Raúl, quien como presidente lleve a la Mayor de las Antillas a estas celebraciones.

Y, más importante aún, Raúl Castro es el designado para conducir a la isla, al menos por el momento, hacia su futuro.

Pero, pese a que Raúl Castro ha sido una figura constante durante este medio siglo de revolución cubana como el "eterno número dos", sigue siendo, para muchos, dentro y fuera de Cuba, un misterio.

De lo poco que ha dicho de sí mismo en público este general de cuatro estrellas de 77 años, sólo unas cuantas cosas están claras: no tiene intención de imitar a su hermano Fidel -"quien imita, fracasa", ha afirmado-, pero tampoco piensa pasarle por encima, como constató al anunciar públicamente durante su asunción a la presidencia en febrero que le "consultaría" todas las decisiones importantes.

También ha demostrado que su estilo de gobierno es más delegado, rodeado de una "guardia pretoriana", como lo definió el ex analista de la CIA Brian Latell, de hombres que, más allá de sus tendencias, coinciden en mostrarle una total fidelidad.

El varón menor de los siete hijos del gallego Ángel Castro y la cubana Lina Ruz, nacido el 3 de junio de 1931 en la aldea de Birán, se convirtió desde los inicios de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista en el compañero inseparable de su hermano Fidel.

Padre a su vez de cuatro hijos con su mujer de toda la vida, Vilma Espín, fallecida en 2007, es el único de los Castro del que siempre estuvo clara su filiación comunista, llegando a ser descrito como la "cara estalinista" de la revolución cubana.

Hasta que asumió la presidencia, fue además el ministro de Defensa más longevo del mundo, dirigiendo durante 48 años unas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que en Cuba no sólo tienen el poder militar sino que manejan las principales y más rentables empresas del país, como las turísticas.

Aunque son numerosos los autores -pese a que no existe ninguna biografía autorizada suya- que afirman que ha tenido fuertes desencuentros con Fidel, desde mucho antes y también después de la enfermedad de éste, éstos siempre han sido rotundamente desmentidos de manera oficial.

Ríos de tinta han corrido también sobre el lado más oscuro de la biografía de Raúl Castro, de sus presuntos problemas de salud y su supuesto carácter "sanguinario".

En junio de 2006, en ocasión de su 75 cumpleaños y cuando todavía nadie intuía que poco menos de dos meses más tarde sucedería a su histórico hermano, el diario oficial "Granma" achacaba esta visión a la "propaganda del mundo capitalista" para desfigurar" su imagen.

Estos medios "han tratado de dibujar, desde hace muchos años, la imagen de Raúl como un ser extremista, hosco y áspero en sus relaciones humanas, desprovisto de sentido del humor y carente de sensibilidad", afirmaba el rotativo, que por contra destacaba su faceta de "excelente compañero", su carácter "chistoso" y "muy abierto y profundamente humano", capaz sin embargo de ser "exigente" y "censurar o estimular cuando tiene que hacerlo".

Algo de esta "cara oculta" se ha podido ver en estos dos años y medio que le ha tocado a Raúl Castro estar al frente de Cuba.

En julio de 2007, Raúl Castro habló de la necesidad de "cambios estructurales" y llamó a los cubanos a "hablar con valentía" sobre las falencias del régimen, despertando altas expectativas de cambio.

Desde que es nominalmente presidente, el menor de los Castro eliminó algunas de las "prohibiciones absurdas" como la que impedía a los cubanos alojarse en hoteles de lujo o comprar celulares.

También trató de impulsar la desfallecida producción nacional decretando, entre otros, la entrega de tierras ociosas y eliminando el techo salarial. Y, en el plano internacional, ha ampliado las alianzas de Cuba con potencias emergentes como Rusia y China y arreglando diferencias con México o la Unión Europea.

Ni siquiera descarta un encuentro con el próximo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, según reveló en una reciente entrevista con el actor Sean Penn, la única concedida en más de dos años a una personalidad extranjera.

Los críticos destacan sin embargo que los cambios políticos también esperados, como la eliminación del permiso de salida o mayores libertades, no se han producido, achacándolo a una estrategia gatopardiana de "algo debe cambiar para que todo siga igual".

Raúl Castro llega así al 50 aniversario del triunfo de la revolución con el reto de combinar las grandes expectativas de cambios de la población, despertadas en parte por él mismo, y garantizar a la par la "continuidad" de un sistema en el que él ha sido una pieza clave todos estos años pasados.

Para ello, probablemente deberá aplicar mucho de ese carácter organizativo y pragmático que le reconocen amigos y enemigos.